El llamado del corazón de Gaia

Desde una visión ancestral, Gaia es el espíritu de la tierra. 

Es una conciencia viva que habita en el planeta tierra. Nuestro hogar.

Los antiguos griegos ya hacían eco de este saber al llamarle Gaia/Gaea a la diosa de la vida, a la personificación de la tierra. 

Pero Gaia va mucho más allá de la historia oficial que conocemos, va mucho más allá de los relatos de pueblos originarios y de las sabidurías ancestrales de nuestros tiempos.

Gaia nos brinda la conexión con lo que llamamos divinidad, dios, diosa, el origen, la fuente.

Es la conciencia maestra que nos ayuda a recordar nuestro propio origen. 

Gaia y la Madre Tierra

Cuando hablamos de la Madre Tierra hacemos referencia a nuestro planeta, a la naturaleza, a la parte material de este gran hogar que habitamos y del cual podemos ver, sentir y percibir la vida que irradia. La Tierra es la Gran Madre creadora de vida y en ese acto mágico de creación es en donde se entreteje el espíritu de Gaia.

Una forma de poder entenderlo nos lo da nuestro propio cuerpo, nuestra propia vida.

Nuestro cuerpo físico dotado de vitalidad, pero a la vez con los cambios y decadencia que lleva la materia, es reflejo de la Tierra y el espíritu que nos impulsa y nos conecta con lo divino es reflejo de Gaia. 

Gaia habita en nosotros, así como nuestro cuerpo contiene los elementos de la naturaleza.

El corazón de Gaia

La Madre Tierra, al igual que nosotros, tiene distintos cuerpos, es una entidad viva que tiene cuerpo material, conciencia, corazón y espíritu. A sus cuerpos sutiles es a los que nos referimos al llamarle Gaia. Sin embargo, no hay en sí una separación, ambas son una misma, ambas son la Gran Madre.  

El corazón de Gaia, manifestado como energía, se encuentra en el centro del planeta y al mismo tiempo pulsa en todas las manifestaciones de vida que caminan sobre ella.

Sí, en tí. 

Desde lo biológico estamos intrínsecamente conectados con el planeta en una hermosa simbiosis que es necesaria para vivir. Por ejemplo, sin respirar simplemente no podemos vivir, necesitamos del aire por lo tanto de los árboles, etc. 

Desde lo espiritual estamos conectados a ella cuando sentimos su gran amor, el sentido de pertenencia a la vida, una felicidad genuina solo por existir, el gozo en lo sencillo, la abundancia en todas sus manifestaciones, los milagros y lo sagrado en la cotidianidad. 

Y ese es el gran llamado que pulsa desde su corazón: Recordar…

  • Que somos inmensamente amados solo por existir
  • Que pertenecemos a una gran comunidad de vida planetaria y cósmica
  • El gozo de existir 
  • Que somos abundantes y la abundancia tiene muchas manifestaciones
  • Que nuestra vida es un milagro
  • Lo sagrado de nuestro cuerpo
  • Que somos ella, somos naturaleza, somos Gaia. 

Este viaje de remembranza al que nos invita la Gran Madre tiene sus retos, pues requiere atrevernos a acceder a nuestro propio corazón y en él puede que haya mucho que sanar, liberar, perdonar, abrazar y reconocer.

Deseo que tu camino de regreso al corazón de Gaia sea un viaje muy amoroso de regreso a tu propio corazón. 

Con cariño,

Nancy ☆

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